Marshawn Lynch cambia el curso

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RENTON -- Cuando los San Francisco 49ers enfrenten a los Seattle Seahawks en el mejor juego de este fin de semana, las principales historias no serán difíciles de predecir. Los dos mariscales de campo estelares (Colin Kaepernick con San Francisco y Russell Wilson con Seattle) recibirán toda la atención al tiempo que la rivalidad más candente de la NFL llegará a su máximo efecto de popularidad. Avanzando detrás de toda la moda está la importancia del corredor Pro Bowl de los Seahawks, Marshawn Lynch. Es la epítome de todo lo que representa Seattle y apenas comienza a mostrarle al mundo su capacidad.

Después de todo, Wilson no sería lo productivo que es si Lynch no cambiará su juego al llamativo "Modo Bestia" y forzara a los oponentes a mantener ocho defensivos alrededor de la línea de golpeo. Lo mismo aplica para la dominante defensiva de los Seahawks, unidad de golpeo intenso que es capaz de mantenerse fresca cuando Lynch está devorando yardas. De hecho, todo el equipo de Seattle --que se ha dado a conocer por su estilo agresivo y físico-- le debe una gran porción de su tenacidad al tipo de carga pesada de Lynch. Como lo dijo el entrenador de los Seahawks, Pete Carroll, "no sé si realmente teníamos identidad antes que él llegara. Ayudó a darnos la que tenemos ahora".

Lynch ha arrollado a los 49ers con al menos 100 yardas en cada uno de los últimos tres partidos en que han chocado. También ha sido el menos vocal de un equipo lleno de jugadores que les encanta hablar. Donde el esquinero All-Pro, Richard Sherman, rara vez deja pasar la oportunidad de lanzar una frase, Lynch ha operado como si tratara de mantener su estadía en un programa de testigos protegidos. Entre menos abre las puertas a los demás, más enigmático parece hacia afuera de la organización.

Lynch ha sido el corazón del éxito de Seattle a partir de su canje desde Buffalo a la mitad de la temporada del 2010. En ese momento, Lynch fue señalado como problemático con necesidad de iniciar desde cero, un jugador talentoso con un don para hallarse en el radar del comisionado de la NFL, Roger Goodell. En el 2009, Goodell suspendió a Lynch durante tres partidos --luego que Lynch se declaró culpable por cargos de armas en el mismo año-- y el libro quedó afuera para el corredor.

Lo que Lynch le ha dado a los Seahawks es una rudeza que ha sido crucial en el programa de Carroll. El entrenador de mente progresiva puede usar todas las nuevas ideas y tendencias que quiera, pero cuando se trata de golpear y escarbar, aprecia el valor de un jugador tradicional a su vez. Lynch, por otra parte, apuesta todo por Carroll pues fue el entrenador que le dio la confianza que siempre deseó. Carroll peleó duro para aterrizar el canje de Lynch, y el jugador ha recompensado ese fe con una disposición incansable.

Lynch le dio a los aficionados de los Seahawks una jugada de época en su primera aparición de playoffs, en la temporada del 2010, al romper nueve tacleadas en una carrera de 67 yardas contra los New Orleans Saints. Continuó ese logro con 1,204 yardas y 12 anotaciones en su primera temporada completa en Seattle, y 1,590 para 11 anotaciones terrestres el año pasado. Lynch, ahora en su 7° campaña profesional, ha elevado su juego a otro nivel conforme avanza el tiempo en Seattle. Con igual importancia, se ha dado cuenta que su poder no se limita al campo de juego.

En julio pasado, sostuvo un evento que se ha vuelto anual en su ciudad de origen, Oakland, California. Una fiesta de cinco días que busca sacar brillo de una ciudad áspera. Hubo un partido de fútbol americano con familiares y viejos amigos; un show de talentos para niños locales, un evento de boliche para la caridad y un campamento de fútbol americano para niños de todas las edades en su ex preparatoria de Oakland Tech. El mismo tipo con la reputación sospechosa y el desdeño a los medios, incluso deseaba que los reporteros atendieran al llamado. Quería que la gente supiera que estaba juntando dinero para respaldar sus planes de construir un centro juvenil en el mismo vecindario inseguro del que escapó años atrás.

Durante el evento también podían obtener un vistazo de quién es Lynch realmente. Corrió al campo de Oakland Tech, un sábado en la mañana, para ver a cientos de niños que aguardaban su llegada. Lynch llegó tarde porque lo habían arrestado bajo sospecha de conducir en estado de ebriedad la noche anterior. Pasó el viaje de la prisión a su campamento ideando la mejor forma de explicar sus acciones a los niños que soñaban con disfrutar su éxito algún día.

No se trató simplemente que Lynch hiciera lo correcto en ser honesto con los niños sobre sus errores aquella mañana. Se trató de lo mucho que le lastimó pensar que los decepcionó en primer lugar. Lynch sabía que no solamente cometió un error que podría atraerle otra suspensión y serios cuestionamientos en torno a la decisión de Seattle de haberle extendido su contrato. También perdía terreno en una persecución por su propia madurez.

Lynch está aprendiendo que no basta liderar desde las sombras, no para un hombre que tiene que decir tanto como hace. En algún punto, los grandes talentos también deben desarrollar el coraje para alejarse de sus propias zonas de confort. Lynch pudo permanecer fácilmente como el corredor imparable que acumulaba yardas y viajes a Hawaii. De alguna forma se dio cuenta que poseía la inteligencia para darle al mundo algo más de sí mismo.

Después de todo, no puedes vender sueños a niños pobres de Oakland si no alzas la voz. Tampoco puedes controlar tu imagen si siempre se define por reportes policíacos e impresiones desinformadas de externos. La ironía de lo que Lynch comienza a revelar sobre sí mismo es que siempre tuvo profundidad sustancial. Simplemente nunca vio la necesidad de compartirla con el resto del mundo.

Hoy es un día diferente. Podría no estar completamente enamorado de la idea de hablar con los medios constantemente o siquiera cargar con su alma. Pero está creciendo en maneras que son tanto notables como esenciales para su éxito personal y el de su equipo. La gente en Seattle ha sabido durante el último par de años que Lynch es imposible de contener; conforme avance su carrera, el resto del mundo será sabio en darse cuenta que lo mejor de él aún está por llegar.

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