Un hombre no tiene derecho a existir si no es capaz de morir por sus semejantes.Nadie sabe exactamente quién dijo lo anterior, pero Marcos Díaz fue uno de los que se enteró tarde del significado de los objetivos del milenio y, alarmado por la ignorancia colectiva, quiso arriesgarlo todo para que el mundo se entere y trate de sacudirse tras el cumplimiento de estas metas en los próximos cinco años.
“Todo empezó porque a mí me invitaron a Juan Dolio a dar una charla junto a Juan Luis Guerra, para que unos jóvenes que simulaban los modelos de Naciones Unidas conocieran lo que eran los objetivos del milenio.
“Le pregunté a cada uno de mis familiares y nadie sabía qué era eso de los objetivos del milenio... bueno, tuve que ponerme a investigar para cumplir, señores cuando vi esto me engranujé ante la importancia que tiene este tema para la humanidad y de inmediato me involucré”, revela.
Díaz ofreció su exposición, pero le entregó a los organizadores un proyecto para que el mundo conociera y recordara que hay que cumplir con los objetivos del milenio.
Duro recorrido
El Nado de los Continentes por los Objetivos del Milenio se inició de Jordania a Egipto; luego Marcos continuó de Marruecos a España, de Rusia a Alaska y optó por Nueva York como última escala para entregar un libro al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, con mensajes y firmas de apoyo de ciudadanos de todas las ciudades que recorrió durante la travesía. Marcos concluye su meta al pie de la reunión de Jefes de Estado y de Gobierno en la ONU, el 22 al 23 de septiembre, precisamente para revisar los avances o retrasos en el cumplimiento de los objetivos, luego de diez años de iniciarse el pacto.
La etapa inicial para unir los continentes arrancó en mayo pasado, el dominicano dejó un trazo imaginario de 19,7 kilómetros sobre agua salada, de Oceanía hasta Asia. Ese tramo lo logró en cuatro horas, 11 minutos y 8 segundos, saliendo desde Papúa Nueva Guinea hasta Indonesia.
La segunda etapa fue el 10 de junio con tres destinos, partió de Jordania, llegó a Israel, de donde se deslizó hasta Egipto, a puras brazadas, recorriendo 18 kilómetros en dos horas y 41 minutos.
En la tercera etapa le sorprendió agosto, de África llegó a Europa, partió de Punta Cirés, Marruecos y, puso pies en tierra firme en Tarifa, España.
Ya estaba preparado tras nadar por varias horas en una piscina llena de cubos de hielo: ató a Asia con América salvando el Estrecho de Bering, con aguas bajo temperaturas de dos grados Celsius. Salió de la Isla de Diomede, en Rusia, hasta Little Diomede, en Alaska, en una hora 5 minutos.
“Todo esto ha sido algo grandioso en mi vida, en las cosas que he hecho a pesar de muchos obstáculos que encontré esta vez, en aguas desconocidas: en Australia nadamos en un lugar plagado de tiburones, tuvimos que adquirir un dispositivo electrónico que no le hace daño, pero que emite unas ondas que los aleja en un radio de ocho metros por lo menos y muy cerca de allí había una desembocadura de un río de donde bajaban cocodrilos agresivos... Luego en las aguas heladas de Bering habían una ballenas orcas o asesinas, pero no se acercaron, lo terrible fue que de repente tenía al lado mío una morsa como de mil libras y el capitán de la misión se lamentó de no tener un rifle para cazarla.
“Esas son de las cosas a las que uno se arriesga ñrevela Marcos, quien nunca ha soñado morir en boca de un cetáceoñ, luego tuve la recompensa de ser escoltado por decenas de delfines y me sentí feliz”.
ONU no patrocinó
Muchos que le dieron seguimiento al nado de Marcos Díaz pensarán que Naciones Unidas patrocinó económicamente su hazaña y que incluso, le fue muy rentable al nadador dominicano.
“La verdad de todo esto es que la ONU solo avaló lo que hicimos, pero no hubo patrocinio de su parte, no me dieron un centavo, todo fue gracias a recursos y diligencia de nuestra fundación Marcos Díaz, más bien esta fue la institución que diligenció todo”.
“Claro, la fundación organizó, pero sin el Gobierno dominicano no hubiese sido posible este logro que sirvió, reitero, como una alerta al mundo de que los objetivos deben cumplirse, que no es un problema de los presidentes, de los gobernantes, sino de todos nosotros, del mundo”, narró.
Marcos, quien es graduado en Administración de Empresas, reveló que esta actividad que le llevó por los cinco continentes tuvo un costo de alrededor de 400 mil dólares.
“Hubo que hacer muchas cosas en todos estos meses, vuelos muy largos, caminos extensos para llegar a esos destinos, con un equipo, con todo lo que se necesitaba... Hubo lugares inhóspitos en los cuales tuvimos que cargar con nuestros alimentos de varios días como si fuéramos montañistas, en otros lugares tuve que comer cosas que no estaban en la dieta y que prácticamente no conocía porque eso era lo que había. Fue muy difícil en cuanto a los sacrificios personales, pero muy reconfortante en la meta final, que creo que se ha logrado: cuando salí de aquí, al ver la importancia del tema pensé que si un solo ser humano podía entender por medio de mi nado qué eran los objetivos del milenio, pues estaría satisfecho”, narró.
Marcos agradeció a su equipo de trabajo el sacrificio compartido con él, a su apoyo permanente en cualquier condición.
“Aún tenemos muchos compromisos que honrar, reitero que muchas veces nos fuimos a países y ciudades sin saber dónde estaba el dinero para continuar con el próximo nado; pero gracias a Dios y a la gente que cree en nosotros, a la Primera Dama de la República que desde que conoció el proyecto lo valoró y se comprometió, al Ministerio de Deportes”.
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