NUEVA YORK.- Estuvieron a un strike de quedar eliminados en el último fin de semana de la temporada regular. Le remontaron dos carreras al cerrador con más salvados en la historia de Grandes Ligas en el juego de desempate por el wild card. Ya pensaban en la próxima campaña al inicio de septiembre.
Como si hubiesen sido tocados por una varita mágica, los Rockies de Colorado se han convertido en un equipo que todos los días encuentra la manera de ganar, desafiando todo tipo de lógica para hacerse presente por primera vez en su historia en la Serie Mundial.
Club que durante la mayor parte de su trayectoria de 15 años la pasó más en los puestos de cola, los Rockies son los primeros desde los Cachorros de Chicago de 1935 que ganan al menos 21 de 22 juegos tras el 1 de septiembre.
Esa es la estadística más alucinante para una novena que a fuerza de barridas avanzó al Clásico de Otoño.
“Llega un momento en el que se debe dejar de hablar de que se trata de un equipo está en buena racha, sino que simplemente son buenos”, afirmó el primera base Tony Clark, cuyos Diamondbacks de Arizona fueron las últimas víctimas de los Rockies.
El destape ha convertido a los Rockies en el equipo mimado del momento, el favorito sentimental.
Lo son por la amalgama modesta de su núcleo, con dos abridores que apenas a mitad de año subieron a las mayores (Ubaldo Jiménez y Franklin Morales), un intermedista (Kaz Matsui) que había sido un fiasco con los Mets de Nueva York y un catcher (Yorvit Torrealba) del que se esperaba iba a ser suplente esta temporada.
Ni los propios Rockies se creen que están en una Serie Mundial.
“Nunca había visto el trofeo de campeón de la Liga Nacional. No fue hasta que vi el logo en el trofeo cuando me di cuenta de que íbamos a la Serie Mundial. Me pareció tan absurdo decir esa cosa”, declaró el inicialista Todd Helton, un eterno bateador sobre .300 que es el jugador de más renombre de los Rockies.
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