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viernes, 26 de octubre de 2007

AGUERO SALVA LOS MUEBLES.

Agüero salva los muebles
Es un punto importante, pero es una pena. El Atlético debió ganar este partido por calidad y su asignatura pendiente, la defensa, le puso contra las cuerdas. Es un empate valioso, pero es una pena. Agüero lució en Moscú y los fallos de Pernía, Antonio López, Eller y Pablo anularon el espectáculo de sus goles. Es un punto a domicilio, pero es una pena. Forlán brilló a contraluz del argentino y su preciosa diana quedó oscurecida por los remates del Lokomotiv, en acciones a balón parado, que dieron la vuelta al marcador en tres minutos. Es un buen resultado, pero es una pena. Toda la belleza del ataque rojiblanco, que rondó la goleada, fue equilibrada por el fútbol directo local, que tuteó al Atlético en ocasiones. Al final, Agüero, en una internada sensacional, aprovechó un magnífico pase de Maniche para evitar una debacle.
Un desastre que nadie pudo calcular durante una hora de juego en la que el Atlético, con cinco cambios en el once titular, se paseó para imponer la ley del mejor a golpes de clase.
Agüero enseñó pronto las credenciales de su aristocracia. Un control con la pierna derecha y un remate con la izquierda, a la media vuelta, descubrieron las armas que temía el entrenador ruso, Byshovets. Era la confirmación del temor que presagiaba el Lokomotiv, que jugaba con tres centrales para intentar frenar a Forlán y Agüero.
Hasta que el once ruso perdió el miedo. Se hizo el «Loko» al comprobar que Pernía era un coladero. Cada vez que Samedov le encaraba, llegaba con un centro peligroso. La cuarta penetración de «Sam» engordó de ilusión a los locales. Bilyaletdinov cazó el pase y protagonizó un golazo por la escuadra.
El empate confirmó a la «Locomotora de Moscú» que el fútbol de contragolpe competía con la superioridad técnica visitante. Si Jurado envió un trallazo al larguero, Abbiati sacó unas manos decisivas para eludir un gol de Sychev. En esas llegó Forlán para marcar de nuevo la diferencia, al consumar una pared con el Kun. Y el Atlético, incomprensiblemente, pasó a dormirse en los laureles.
Tanto, que el cuadro ruso, de perdidos al Moscova, se la jugó con incursiones por las bandas, centros aéreos y el talento del nigeriano Odemwigie como contrapunto. Una falta lanzada por el incombustible Samedov la aprovechó Sychev para desbordar a Antonio López y Pablo y regalar el 2-2 a Odemwigie. Y en tres minutos, bajo la anarquía defensiva del Atlético, el equipo de los ferrocarriles botó un córner y el nigeriano cabeceó el 3-2 ante la pasividad de Eller, Pablo y compañía. Tan increíble como cierto.
Aguirre tuvo que tirar de líderes para reaccionar. Entraron Maniche, Maxi y Luis García. Había que salvar un punto. En efecto, Maxi cogió las riendas del encuentro. Y Maniche inventó el pase que Agüero tradujo en la salvación del mobiliario. Tocó madera. El problema de Aguirre es que sus defensas son unos troncos.

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